Hoy hace un año de mi primer viaje a China, luego fue U.S.A, pero anoche volví otra vez de ese país y de cada viaje te traes una experiencia, de Estados Unidos la pasión por los coches y la desprotección social, de China me quedo con su comida, me quedo con su actitud para el trabajo y me quedo con la Villa Olímpica de Pekín; pero la lección más importe no me la dieron los Chinos, sino los españoles.

Estuve con un cliente en una feria de educación y fuimos con el stand de España, la lección que me traigo me la dio el Icex y es que no se pueden hacer negocios con complejos, con miedos. Entiendo que hay que medir presupuestos, pero cuando en una feria no se cumple la intención del escaparate o feriante, que no es ni más ni menos que hacer que la gente se pare delante de él y luego entre en la tienda, todo el dinero invertido en la feria no ha servido, porque además tendrás a los expositores descontentos y no repetirán.

Aluciné con el ego de Francia, me encantó el orden de Alemania y el pragmatismo de U.S.A; pero España que es emoción, lo siento, no la había, se les olvidó que para vender un idioma, primero hay que vender al país, a su gente, a su cultura, pero bueno, es lo que hay.

Así que, si hacéis un negocio, dimensionarlo al presupuesto, pero una vez hecho esto cuando tengáis que contar la historia que soporte el producto o servicio que vendéis, hacerlo con fuera, con pasión; no es un tema de presupuesto es un tema de pensar en los demás y no cubrir el expediente.

 

Gracias por leerme