domingo, 25 de mayo de 2014

 

“Comprando un Fular Italiano”

 

Este hecho, sucedio en el mes de marzo y con motivo del día de los enamorados pero he querido contárselo hoy, puesto que es un testimonio o consejo válido para cualquier época del año.

Esta semana estuve buscando un regalo para hacer a mi mujer, y me llevé una grata sorpresa sobre lo que me sucedió en la primera tienda a la que entré, y por ello quiero compartir las 7 lecciones magistrales sobre la Atención al Cliente, que vi en primera persona, y ahora quiero compartirlo con todos vosotros.

Eran las cinco de la tarde, acababa de terminar una comida con un dos clientes, y mi Ave no salía hasta las 19:15, y decidí ir a dar una vuelta a las tiendas del centro de Madrid, exactamente, en una de las calles próximas a la Gran Vía madrileña, y esto fue lo que paso:

 

Primera lección

Estaba como se suele decir, echando un vistazo y pensando simultáneamente que podría regalar a mi mujer que la pudiese gustar. Pasé por delante de muchas tiendas, pero entré en una, una especial, una en la que habían cuidado especialmente y con esmero el escaparate. Nada más entrar, sabía que no era ni una tienda de productos chinos, y también sabía que tampoco tendrían precios de chinos, pero como el objetivo era mirar, y eso es gratis, eso es lo que hice.

 

Segunda Lección

Estuve un par de minutos echando un vistazo a todo lo que tenían, gorros, zapatos, fulares, abrigos, complementos; todos ellos especialmente colocados. La persona que me atendió (Sandra), me dejó respirar, dejó que me sintiera cómodo en la tienda, pero yo creo que tenía un escáner en vez de ojos, puesto que cuando vio que llevaba algunos minutos fijo en la zona de los fulares, se fue acercando a mí sigilosamente.

 

Tercera Lección

Cuando estaba a mi lado me pregunto: ¿le gusta algún color en especial? (quería saber mis gustos, quería información), es la base de la venta. Y la contesté: – Soy un poco especial, no es el color lo que me gusta o no, es el fular en si el que me tiene que hablar. Ella prudente, siguió cerca de mi, pero sin presionarme, sabía que si lo hacia podría marcharme.

 

Cuarta Lección (doble)

La pregunté por los precios, y ella me dio posibilidades para no cerrarme ninguna puerta, y me dijo que había desde 20 hasta 40€, dependiendo del modelo y volvió a la carga, – ¿le gusta alguno en especial?, y como no estaba muy convencido pero me hacía sentirme bien en la tienda, la dije: -¿Tienes más modelos? Ella me llevó a la parte trasera de la tienda, no piensen mal, y me enseño todo el arsenal de modelos que tenia de fulares italianos.

 

Quinta Lección

Cuando llevábamos vistos fulares de todo tipo de tamaño y colores, dos eran los elegidos como los finalistas. Una vez encima de la mesa, siguió con sus dotes comerciales, y cogió uno a uno con sus manos, lentamente, y los desplegó ante mí. Ella quería que viera el juego y la combinación de colores, quería que me imaginara el fular en todo su esplendor, (era tan solo un fular, pero parecía que me esteba enseñando su vestido de boda), mostraba pasión y no un fular cualquiera, era el mejor y más bonito fular del mundo.

 

Sexta Lección (doble)

Me gustó el fular de 29 euros, pero la manifesté una objeción más, y la dije que yo no estaba dispuesto a pagar más de 20 euros por ese modelo, y así se lo hice saber, ella dudó unos instantes, pero llamó por teléfono a su jefe para saber si tenía margen de maniobra, avisándome antes de hacerlo, que eran fulares de diseño italiano y que eran de una tela muy especial, es decir, nunca bajo la guardia sobre la calidad del producto.

 

Séptima Lección

Ella me dijo que 29€ era el precio final, y que lo sentía mucho no poder acceder a mi petición. Yo me despedí amablemente de ella y me marché en busca de otro regalo, pero con una muy buena impresión de la tienda, pero sobre todo de ella, y del amor que ponía a su trabajo.

 

“La venta siempre está hecha, tan sólo hay que esperar, pero el mal vendedor anticipa el NO”.

 

Espero que os sirva de ayuda, para mi fue una gran lección de Atención al Cliente por parte de Sandra en una tienda de ropa de mujer que podría estar en cualquier ciudad del mundo.