Hay todo tipo de personas, es decir, todo tipo de estados de ánimo más o menos estables o que obedecen a patrones continuados, hoy os quiero hablar de un tipo de personas a las que conozco “de cine”, aquellas que sólo reaccionan cuando les llega el agua al cuello.

 

El otro día me comentaba un empresario de los más generosos y exitosos que conozco que ayudamos a la gente demasiado pronto, ya sean hijos, hermanos, amigos o empleados y no le falta razón.

 

En mi vida, los mejores resultados siempre los he tenido cuando iba al límite, cuando no quedaban muchas opciones, o sea, tocaba pensar y trabajar con sentido común y sin hacer el tonto, sin perder tiempo ni dinero, y creo que es algo que a un determinado tipo de personas nos viene “como anillo al dedo”.

 

Nos hemos acostumbrado a ayudas fáciles, en cuanto se pone la cosa un poco complicada, aparece un hermano, la esposa, el marido, el padre, la madre y lejos de ayudarnos, nos fastidia del todo, puesto que ese era el momento de buscar dentro de nosotros la salida, la solución, “una evolución de nosotros mismos” y sin embargo nos matan ese cambio de piel que estábamos necesitando, han matado la mutación, la evolución que necesitabamos.

 

Es bueno ir al límite, al menos para mí, no quiero ayudas, no quiero manos amigas, no quiero abrazos; al menos no en los negocios, siempre me costaron dinero y una clara involución.

 

Buen día de “Todos los Santos”